Mi voz a través de las letras

Sentimientos a bordo.

Hola queridos blogueros/as:

Con tanta cosa, se me olvidó contaros que el sábado por la mañana fui con mi madre, mi hermana y mi cuñado a ver el vestido de comunión de mi sobrina, la cual hace la Primera Comunión el día 20 de mayo. Hacemos también el mismo día el bautizo de mi sobrino pequeño de dos años, y yo seré su madrina. Estoy muy contenta y ilusionada, ya preparé su regalo y de las invitadas, también cosas para los niños que asistan al bautizo. A mi sobrina la regalé una esclava de oro preciosa con su nombre. Total, que el sábado por la mañana fui a ver su traje y cuando se lo probó vi que estaba realmente preciosa. Me hubiera encantado dejarla el mío, pero ya está muy viejo. Le tengo especial cariño a mi vestido de comunión aunque sea viejo, ya que fue un regalo de mi abuelo paterno, que en paz descanse. Tengo clarísimo que si tengo una hija, lo mando lavar en una lavandería y se lo dejo a ella. Me da pena no habérselo podido dejar a mi sobrina, pero mi hermana no quiso y tuve que respetar su decisión.

Y en la tienda, volví a sentir esa sensación que os he contado algunas veces, ya que la tienda, además de vender vestidos de comunión también vendía vestidos de novia y en el escaparate habían dos preciosos. Sí, pensé en lo que pienso siempre, queridos lectores.

Por eso me emocioné tanto, cuando después, por la tarde, me llamó. ¿Es una señal? Tal vez parezca una tontería, pero así lo sentí…Ojalá sea cierto, ya sabéis que si hay algo que sueño es eso, queridos lectores. Ya sabéis a lo que me refiero…

Y bueno, otra cosa que se me olvidó contaros, es que ayer, lunes, cuando estuve con mi compañera con la cual realicé el curso de Comedor Matinal, fuimos a comer a casa de su tía y conocí al resto de su familia. A sus padres les conocí en Navidades, antes de marchar a Valladolid, ya que como os conté, quedé con ella antes de partir y estuvimos de compras juntas. Sus padres fueron a buscarnos y me llevaron de vuelta a casa, y ayer lunes hicieron lo mismo. Son muy majos, como el resto de su familia a los cuales conocí: A su tía, a su primo, a su abuela…Fueron súper simpáticos conmigo. Mi amiga me confesó que el día que estuvo comiendo en mi casa, en el cual ella conoció a toda mi familia, a mi hermana, a mi cuñado, a mis padres…También les pareció súper amables. La verdad es que esta chica y yo congeniamos desde el primer momento que nos conocimos en el curso, y ahora somos súper amigas. Es una chica estupenda y espero siempre conservar mi amistad con ella, queridos lectores.

Y bueno, sobre el día de hoy, no hay nada que contar. Hoy he tenido el último día de clase hasta después de Fallas que es cuando debo volver. Y hoy en clase he tenido una exposición sobre explicar una enfermedad y lo he pasado realmente mal. No es la primera exposición que tengo en el grupo, pero ésta, a diferencia de las demás, que hasta ahora habían sido en grupo (es decir, con mis compañeras), era a nivel individual, es decir, cada uno explicaba la enfermedad que la profesora le había asignado de forma individual. Ya os he comentado que tengo pánico a hablar en público, de hecho, en las demás exposiciones, aunque estuviera con mis compañeras haciendo la exposición, cuando era mi turno de hablar, hablaba muy deprisa, con la cabeza agachada y me entorpecía en algunas palabras. A pesar de que mis compañeras me decían después que lo había hecho genial, yo estaba convencida de que no.

Resumiendo, cada uno ha hecho la exposición del tema que le ha tocado y en una exposición una compañera se ha puesto a llorar porque la pasa como a mí. Yo la he consolado y tranquilizado, sé como se siente. De hecho, yo en mi exposición también he tenido unas ganas terribles de llorar. Estaba el doble de nerviosa que en la demás, ya que ésta era sola. Así que imaginaos, hablaba muy deprisa, me entorpecía en la mayoría de palabras, no era capaz de mirar a mis compañeras. Incluso la profesora me ha llamado la atención por no mirar al público y por poner “información de más” en mi Power Point. He sentido que he hecho el ridículo más grande de mi vida, queridos lectores…

Y al volver a casa, al bajar del tren, habían un par de obreros y he tenido la sensación de que me han dicho algo, pero como iba con los auriculares no me he enterado y he pasado del tema, como hago en estos casos. He llegado a casa y lo mismo de siempre, sobrinos y las demás cosas que hago de forma rutinaria. Nada interesante, como veis.

Os dejo mi texto de hoy:

Cariño, cuando leas la presente, parece que te estoy viendo, seguro sacarás el lápiz amarillo de penalizar las terminaciones en "inas". Apunta siete.

Mientras escribo algo parecido a una carta de amor, escucho el mar que va y viene, a veces sólo parece que viene. De vez en cuando, una ola mayor que las otras hace más ruido que las demás al llegar a la orilla, en su retroceso los cantos y piedras que arrastra la resaca suenan a... No me sale la palabra, ¿Cómo llamarías al sonido de las piedras cuándo retroceden? Escríbeme y cuéntamelo. Cuéntamelo de esa manera tan tuya, colocando las palabras como gemas preciosas, una tras otras, íntimas, sin estorbarse. Cuéntamelo a tu manera, ya sabes de lo que hablo.
Cada día le quiero más, o le amo más, y no sé si estoy cometiendo leísmo o loísmo cuando afirmo lo que afirmo bajo estas circunstancias nuestras tan difíciles.

Le amo con este amor poderoso, el más alto de todos los sentires pues desde la iluminada sombra, le amo.

Le amo mientras escucho nuestra canción de otoño, y cuando el último sonido acaba. Sin paliativos, sin bendición eclesiástica, sin que me ampare la ley ni el yugo, le amo.

Diga lo que diga el edil, la boticaria, el párroco… Todos los de éste pueblo hipócrita de menguada frente, a ellos, a los que sus oficios de guardadores de la moral colectiva les obliga a mantener el respeto bajo palio. Aunque digan que sí y es que no... Repudian la demostración de este amor tan poco ecuménico, como si nunca se hubieran querido a nadie.
Escucha cariño, te lo digo ahora en primerísima persona, bien alto, bien fuerte, bien claro, asomada al balcón de la luz, batiendo alas y voz: Te quiero chico, te voy a querer siempre, estés, o no estés, o estés a medias, estés aquí, o allá, en la estratosfera o en la puerta de mi casa, en mi cama, o en mi pensamiento, entre mis piernas, o junto a ellas; te amo con las entrañas, con el hígado... No sé porque  el corazón se tiene que subrogar el derecho a erigirse hábitat de los sentimientos. Te amo con ganas, con flujos, con ansias, sin vergüenza, con los pechos erectos y la piel preparada.
Te amo de forma sincera y pura, entre dos espejos, el tuyo y el mío, abarloada a tu boca. A veces te amo de manera egoísta, absurda y desesperada, sólo para mi te quiero, y otras, porque te amo, te suelto. También te amo serenamente. Te amo cuando sueño, cuando no sueño, cuando no hablamos, cuando sí que hablamos, cuando no estás, cuando vienes o te vas, te amo.
Te amo.
Que conste en acta, y dentro de diez lustros, cuando todos sóo seamos recuerdos vagos de lo que fuimos, sombras aladas motas de polvo, ceniza, átomos, iones, Atón o Amón...te seguiré amando.

Sentada en el sofá, entre sus temblorosas manos, sostiene un periódico, de esos de política y chismes, recién abierto: “Hoy toca actualidad, tengo que estar al día”, me dice con voz semiquebrada y atenta a lo que ese manojo de papeles le pueda descubrir, esa tarde…

Es frágil, aunque sólo de físico. Su armazón es interno: Una gigantesca fortaleza que nunca supe como cupo en ese cuerpecillo de porcelana. He visto fotos suyas de joven, recién casada, en la playa, en un baile, casi todas en blanco y negro, y bien podría haber ocupado cartel (lo pienso) entre las más lustrosas actrices de los cincuenta. De los sesenta. De todo el siglo XX. Su belleza no ha menguado en el viaje, si acaso, alguna arruga más que otra ha descansado sobre su rostro, reflejando el tiempo, pero sin alterar ese universo de generosidad y ternura que emanan sus ojos, en cualquier leve parpadeo. Además, esa finura acrisolada de su piel, no camina sola. Pues algo puramente genético, que se tiene o no se tiene, que se gesta en la propia cuna, la impregna por entero: La elegancia. “Lo importante de las piedrecitas y de los collares, querida tía, no es poder tenerlas o comprarlas, sino el saber llevarlas (te diría); y ninguna de ellas brilla tanto en otro como sobre tu cuello”.

Tener una “segunda madre” es un privilegio. Más cuando hay seres que ni a una conocen. Yo las he tenido; las tengo. Siendo pequeña, los sábados llegaba a su casa a media tarde, en invierno, y me preparaba un tazón de leche, caliente, con Colacao y galletas Príncipe. Allí estabais tú y el tío. A veces con él jugaba una partida al parchís (¿Recuerdas?), me hablaba de sus cosas de gruísta o veíamos el fútbol; después tomaba un baño en agua templada, largo, escuchando los partidos del sábado, y cenaba, mientras os veía a los dos en el sofá, hablando, riendo…; él leía la prensa cuando quitaba el sonido del televisor en los intermedios (una de sus costumbres), tú rezabas el rosario, casi susurrándolo. Luego, dejaba caer mi cabeza en tus piernas, quedaba en un estado semiinconsciente, sueños difusos…; cerca de la medianoche, a mi habitación. “Buenas noches”. Apagabas la luz. Y el día.


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