Mi voz a través de las letras

No te acostumbras al dolor, sólo aprendes a vivir con él.

Hola queridos blogueros/as:

Presiento que el examen de hoy me salió bastante bien. Y por cierto, La Bipolar no se ha presentado a dicho examen. Tanto reírse de mí en clase cuando digo algo, y luego no se presenta al examen…

Sí, queridos lectores, lo que leéis. Por ejemplo el lunes estaba preguntando una cosa a la profesora en clase y mientras hablaba, podía escuchar claramente como ella se reía.

No la hice ni caso, nunca la hago caso, pero mi paciencia tiene un límite y el día que se acabe, me va a conocer a malas. No quiero enfrentamientos ni problemas con ella, pero es que me busca todo el tiempo las cosquillas, queridos lectores… Por una parte me da rabia y pena, y por otra, muchísimo coraje.

Y pensar que yo a esta persona la llegué a considerar en algún momento “mi mejor amiga”, hice todo por ella y  mirar como me lo devuelve… Es lo que pasa cuando eres noble y das todo por la gente que quieres, que acabas con un montón de cuchillos en  la espalda.

Pero a pesar de todo, no me arrepiento, queridos lectores. Ya lo lamentarán las personas que me han traicionado cuando se vean solas sin nadie que las ayude como yo lo hacía.

En fin… No sé que contar, así que ahí va mi texto de hoy:

“Cuando pensaba que mejor estaba recaí. Pasé horas llorando, sentía que tenía que expulsar algo de mí que si seguía dentro acabaría matándome. Fui a tocar los recuerdos con mis propios dedos y sentada en medio de la nada, mientras la gente pasaba, volví a caer y todavía no me he levantado. Empiezo a sentirme a gusto en el suelo, me da miedo levantarme y encontrarme con que todo sigue igual allí arriba. Empiezo a acostumbrarme al dolor y eso me da miedo.”

¿Quién dijo eso “el tren pasa una sola vez?

Probablemente alguien que cuando perdió el que quería coger
 no esperó al siguiente.

 Seguramente perdió todas sus esperanzas y acabó abandonando todos sus sueños
 y todo terminó cuando vio a lo lejos que se iba y no retrocedía. 

Pensaría que era la única oportunidad para ser libre y quizás sus ganas de vivir 

terminaron entre los incontables carriles de la vía.

 Cierto es que el tren no va a esperar por ti. 

Ni por ti ni por nadie.

 Pero sí vuelve después de marcharse. 

Regresa para llevarte a la "casualidad de tu vida". 

Esa que todo el mundo desconoce de antemano.

Y te das cuenta de que vale la pena esperar todo el tiempo que haga falta
 para poder coger 

ese tren e irte para escaparte con lo preciso;

 "fuerza y sonrisa" 

evadirte del pasado para vivir el presente como mejor puedas

 y comenzar a construir tu futuro con los cimientos del amor por lo que quieres.

Tengo calma, esa calma me la da el corazón y el sentimiento. Hace algunos días me dijo una amiga: "Deberías luchar por lo que quieres, háblale todos los días, demuéstrale que lo quieres, búscalo". Fue ahora que me detuve a pensar eso y me di cuenta que hay algo en mi corazón que me da tranquilidad. No sé que pasará después y qué pasará conmigo y con lo que siento...Pero de algo estoy segura: Que en esta vida hay tiempo para todo, tarde o temprano hay tiempo para todo. Tiempo para pensar, tiempo para dejarse llevar por la pasión y sólo escuchar al corazón, tiempo para enojarse con la vida por hacernos la vida misma complicada, tiempo para llorar por las cosas que queremos, tiempo para luchar por aquello que esperamos desde hace mucho tiempo y tiempo para ser feliz... El tiempo sobra. Me va a sobrar el tiempo para poder pensar bien, me falta tanto por aprender que quiero jugármela habiendo pensado bien lo que quiero. No me quiero dejar dominar por la maldita desesperación y la estúpida ansiedad que solo me priva de vivir los momentos lindos y malos como se merecen. Ya es tarde para pensar en lo difícil, recuerdo todos los días mi dolor y por esa razón quiero aprender a ser feliz.

Hoy el día es diferente y el aliento aunque pareciera igual, se desvanece con el paso de las horas… Las palabras fluyen y entre la razón y el sentido todo encuentra lugar, pero al trasladarse al sentimiento el corazón se apresura, y entonces el dolor y la nostalgia invaden mi ser. Mi voz tiembla al sentir el vacío que emerge de mi alma, y un grito ensordecedor se emite desde lo más profundo, una voz sin eco sacude todo mi interior, cuando el alma desalentada pierde fuerza y se siente opaca.

Entre las tareas cotidianas el tiempo pasa y el afán del día no deja sentir el paso del silencio, de la pregunta, del vacío, de la soledad…No hay vuelta atrás el camino continua, a veces entre la niebla y la lluvia que acrecientan el frío y la nostalgia…¿Qué duele? La ausencia, la resignación, la falta de valor, el exceso de amor al trabajo, la falta de perspectiva. Hasta las palabras huyen de la tristeza… Sin lugar a dudas mi corazón se está  rompiendo bajo mi mirada y puedo sentir como su aliento se debilita y ahoga las lágrimas que quieren brotar sin cesar. Todo se silencia y el mundo se cubre de nubes, nubes que esconden las imágenes de una historia desahuciada… Crónica de una vida terminada…

Es casi imposible atravesar la vida...Sin que un trabajo salga mal hecho, sin que una amistad cause decepción, sin padecer algún quebranto de salud, sin que un amor nos abandone, sin que nadie de la familia fallezca, sin equivocarse en un negocio. Ese es el costo de la vida. Sin embargo lo importante no es lo que suceda, sino, como se reacciona. Si te pones a coleccionar heridas eternamente sangrantes, vivirás como un pájaro herido incapaz de volver a volar.

Dicen que un suspiro es aire que te sobra por alguien que te falta...Que es algo que no se dice pero se siente como un beso que no se dio. Es una forma del alma de decir que algo añora, la cercanía de alguien, su voz, su mirada, su aroma en el aire, el roce de sus manos, su piel junto a la suya. Es como expresar un deseo que se siente, es como… Un anhelo que nace de un sentir profundo. Suspirar alivia el alma, sea por un amor o añoranza, creo que es la expresión misma de la esperanza, de creer en algo y que desea que nunca muera, es lo que siempre quieres tener a tu lado.

El paisaje es evocador, pero el cristal está sucio. Se puede ver, de vez en cuando, claro, pero no es lo mismo que ven lo demás. Hay manchas atravesadas que no dejan distinguir las aves, ciertos brillos, el Río. Me muevo de un lado al otro y no logro la plenitud. Sé que todo está ahí, pero, simplemente, no puedo verlo. No es un cristal que esté incrustado en una pared, que esté incrustado en mi nariz o en mis ojos: Es un cristal que llevo dentro de mí, no manipularle, extremadamente difícil de limpiar o quitar. Donde quiera que voy es la misma esclavitud, que comienza en mis ojos y parece no terminar más. He usado todo tipo de medicamentos, pero estos no encuentran la enfermedad en ninguna parte de mi cuerpo. Al parecer, según los entendedores, debo comenzar por usar mis ojos, por querer abrirlos… Pero dicen que, tal vez, cuando lo logre, ya no habrá paisaje.

A ella la marca se la dejó la diferencia de haberse tenido que acostumbrar a casi todo. A entrar sin llamar y salir con la traición clavada en los ventrículos y en las aurículas. También se ha acostumbrado a oír sin escuchar y a que la oigan sin ser escuchada. Pero no se ha acostumbrado a todo. Hace dos semanas dicen que gritó ante las estrellas del cielo rotundo que seguiría la bonita costumbre de permanecer enamorada del amor y de la sonrisa eterna. Lo prometió el día que llorando por dentro se dio cuenta que eso de que al final te acostumbras es pura patraña.

Y en el silencio y la oscuridad de mi habitación, 

siento como mis ojos se humedecen,

pero rayos, no quiero llorar… 

No puedo evitarlo,

sólo siento un constante hilo de agua salada

que se esparce por mis mejillas.

Te extrañaré, y no quiero ni puedo evitarlo, 

porque eres tú quien me da la armonía necesaria para caminar, 

para dar un respiro, para sentir los latidos, 

para mirar a un espacio sin vida e inventarme una propia. 

Te amo. ¿Qué tan difícil es de entender? 

Si eres tú quien me presta un poco de energía, 

eres tu quien se preocupa de que yo viva, 

eres tú, sólo tú,  quien sabrá hacerme sonreír…


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